Aquí relato nuestras salidas por los caminos del Berguedà y comarcas vecinas. Como lo pasamos muy bien, queremos comunicar sobre todo buen humor y alegría pero también tiene un fondo muy serio: el camino como bien patrimonial, pieza esencial para entender la historia y digno de conservación. Es nuestra misión desde hace más de 15 años.



martes, 18 de octubre de 2016

7/10/2016 – La mina de hierro de Coll de Jou

Resulta que Pep ha encontrado otro documento en el Archivo de la Corona de Aragón sobre una explotación de hierro en el Coll de Jou y lo tiene que averiguar in situ y tiene que ser hoy.

Hace 5 años que no subo por ese camino y tiene un desnivel muy respetable. Intento mirar el lado positivo: será una buena prueba para ver cómo voy llevando los 60 años.

Aparcamos en una pequeña explanada en la curva de la carretera a Coll de Pal, debajo de la casa de Hospitalet. Desde que estuvimos aquí la última vez, han cambiado el tejado, sustituyendo las tejas rojas por otras negras que parecen hechas de pizarra. En el Valle de Arán, sería lo más habitual pero aquí desentona bastante. Igual que hace 5 años, una multitud de perros, atados en puntos estratégicos para que nadie se desvíe del camino, ladran a nuestro paso.

La casa de Hospitalet con su nuevo tejado

Y empezamos a subir. Es una ruta clásica del excursionismo, un camino milenario y una de las joyas del Parque de Cadí-Moixeró. De hecho, más que un camino, es una obra de arte. Mirando los peñascos desde la carretera, parece imposible que pudiera haber un camino que lleva hasta arriba de todo, pero allí está. Con múltiples curvas, va superando todos los obstáculos con suma maestría y elegancia.

Para la descripción, os remito a la salida del 15/7/2011 que complemento con una pequeña selección de fotos actuales.

Subiendo a la casa de Claper

La casa de Claper

El cielo de la mañana con Les Montanyetes y el Serrat Gran

La vista hacia Ensija

Llegando a la Roca Sança

Seguimos subiendo

Entre Roca Sança y Coll de Deogràcies

Llegamos arriba al Coll de Deogràcies; 730 metros de desnivel y no me ha dolido nada. Allí Pep y Carles comen un plátano y hablamos de temas de sostenibilidad y economía circular. A mí no me gustan los plátanos y los bocadillos los guardo para luego. Un poco más tarde, descubriré que fue un error.

El Coll de Deogràcies

Hacemos la corta distancia que nos separa del Coll de Jou y Pep y Carles empiezan a hacer una batida. Cerca del poste indicador del Coll, Pep encuentra un trozo de mineral de hierro y al lado, un pequeño hoyo.

El poste indicador del Coll de Jou

Mirando hacia La Cerdanya y el Pirineo

Resulta que en 1599, subió desde el pueblo de Urús en Cerdanya una pequeña comitiva para tomar posesión de la mina y autorizar su explotación. Fueron al menos 7 personas: el Delegado del Procurador Real de la Cerdanya, el Procurador del Señor de Gaspar de Vilanova y Perves (propietario de la zona), el descubridor del mineral, dos testigos, el alcalde de Urús y un notario. Hacemos un pequeño viaje en el tiempo. Hoy subimos con ropa ligera, hecha con materiales técnicos: camisetas que dejan evaporar el sudor, chaquetas y botas con Goretex que impiden la entrada del frío y del agua, pantalones con Windstop para que no pase el viento.

En aquel tiempo, con las exuberancias vestimentarias de la Edad de Oro española, no había nada de eso y, aunque hubieran subido a lomo de mulas, no creo que fueran acostumbrados a entornos de alta montaña. Tiene que haber sido algo digno de ver, todas esas autoridades agrupadas alrededor de una roca de color rojizo en medio de la nada. Y luego, cuando se llevó el mineral a la fragua, el maestro herrero lo rechazó por inadecuado y no rentable y la explotación fue abandonada. Mucho gasto para nada, pienso, como esos aeropuertos sin aviones o pasajeros en dominios antiguos o actuales del PP.

Cuando alzamos la vista del suelo, vemos pasar un quebrantahuesos casi a tocar, que luego sube para reunirse con un grupo de unos 30 buitres que están dando vueltas en el cielo. Algo han encontrado.

Con la energía del plátano, Pep quiere mirar si hay más explotaciones y caminamos por el sendero de la cresta hacia Penyes Altes. Pero esa energía yo no la tengo y cuando empieza una nueva subida, no tardo en quejarme. Y así vamos hasta que Pep se cansa de oírme y nos paramos para almorzar en lo alto de un pequeño cerro con vistas que abarcan todas las montañas hacia el sur. Una Vanessa atalanta (una mariposa muy vistosa) va patrullando las rocas delante nuestro, ahora a la derecha, ahora a la izquierda, sin parar y por motivos que desconocemos. ¿Qué va a defender si aquí está sola?

Vanessa (foto de Dolors Agustí)

Desde donde comemos, Pep divisa una roca de color rojizo hacia abajo y decide que hay que explorarlo. Hacemos un descenso precario sin sacar nada en claro y luego un flanqueo igual de precario hasta volver otra vez al camino.

La vista desde nuestro comedor, con Pedraforca y Ensija en el fondo. Penyes Altes es el pico de forma triangular a la derecha

A partir de aquí, iniciamos el largo descenso, disfrutando de los colores, el aire cálido y las vistas. En Claper, en vez de continuar hacia la casa de Hospitalet, Pep gira hacia la izquierda por el camino señalizado que se adentra en el valle y probablemente era el camino usado por los de Claper para llegar a la casa y actual refugio de Rebost.

El camino de Claper hacia el fondo del valle

Al llegar a la pista que sigue el fondo del valle, tomamos nota de un cargador perdido en la vegetación que también era la estación final de un teleférico que bajaba barita desde la mina en la Collada de la Bòfia. Desde aquí, se cargaba en camiones que luego llevaban el mineral a Bagà.

Bajando por la pista hacia el coche, vamos comentando la salida. “Estas rutas clásicas las hemos hecho tantas veces que, sin algún incentivo, no las haríamos”, concluye Pep. “Pero luego, cuando las haces, te das cuenta otra vez de lo majas que son”.

Bajando la pista hacia el coche


Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 11,6 km; 930 metros de desnivel acumulado.

30/9/2016 – El Pla de l’Espinal

Hoy, volvemos a las faldas de Ensija. La idea es completar esta red de caminos centrada en el Pla de l’Espinal, pero desde abajo. Entramos en la carretera de l’Obaga que marcaría el camino antiguo de Gòsol desde la división de caminos en Maçaners y que va al Coll de la Trapa. Aparcamos en el puente sobre la riera de l’Aigua Salada y caminamos hasta la casa de Cal l’Estevenó. Por aquí subía el camino desde Saldes, según la Minuta.

Pero la erosión, las pistas y la línea de alta tensión han borrado casi todos los indicios y habría sido imposible seguirlo sin el track en el GPS de Carles. Al poco rato, entramos en una pista que se abrió sobre el camino y no la dejamos hasta entrar en los Plans de l’Artic y enlazar con el camino de bajada de la semana pasada.

Repetimos la ruta de naturaleza de la semana pasada, intentando buscar los tramos de camino que, en teoría, nos faltan, pero sin éxito. Está todo muy removido por la explotación del bosque. Eso sí, hace una temperatura agradable, la luz entre las hojas es muy relajante y hasta encontramos alguna seta.

Caminando por el bosque

La ruta señalizada marca una variante hacia el oeste que lleva a una “pleta”. En la placa informativa, dice que aquí había una casa medieval llamada Manso. Hay campos antiguos alrededor pero, si existía esa casa, no queda ni rastro.

La "pleta" donde, dicen, había la casa medieval de Manso

Aquí comemos. La temperatura es muy suave e invita a pasar la tarde … pero Carles tiene que estar de vuelta a las 4. Buscamos el camino señalizado a la Casa Mas Fred. Antiguamente, se usaba para subir los animales a los prados y una línea de piedras separa el camino de los campos al lado.

La línea de alta tensión que corta multitud de caminos

Llegamos a la carretera. Caminando hacia el coche, tengo la sensación de que poco más vamos a sacar de esta zona. Solo quedaría dilucidar el camino antiguo de Gòsol que, según la Minuta, pasaba por debajo de la carretera actual. Eso sí, encontramos setas suficientes para hacer un par de tortillas para cada uno.


Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 9,5 km; 380 metros de desnivel acumulado.

23/9/2016 – Palomera

Ante la previsión de tormentas por la tarde, Pep propone dar una vuelta por la zona de Palomera y, concretamente, confirmar el trazado del antiguo camino de Saldes a Palomera. Aparcamos en el área recreativa de Palomera, donde hay unos circuitos suspendidos que pasan de árbol en árbol por tirolinas y distintos tipos de puentes tibetanos, zonas de picnic y una pérgola con información sobre la zona.

La primera actividad hoy es ocuparse de la educación de Carles, que nunca ha subido al asentamiento medieval. Dicen los historiadores que fue un pequeño pueblo de pastores pero, a juzgar por los muchos campos de cultivo alrededor, también se dedicaban a la agricultura.

Desde la zona recreativa, baja un camino hasta un estrecho desfiladero que separa el cerro de Palomera del resto de la montaña. Al subir, vemos restos de paredes, y muchas piedras desparramadas por el suelo. “Aquí había el horno de pan”, explica Pep, mientras entramos en una especie de avenida estrecha. “Y aquí la calle principal, y después las mejores casas. No costaría nada volver a poner las piedras en su sitio para dar una idea de la estructura que había”. Llegamos al final del cerro, donde había la cantera. Aquí se ven las filas rectas cortadas en la roca de donde se sacaban los bloques.

Vista del poblado medieval de Palomera

Bajamos por el mismo sitio y entramos en el desfiladero. La entrada está muy tapada, llena de ortigas. Después es un caos de boj y piedras caídas pero en los huecos de la roca, se habían creado pequeños corrales. “Tampoco costaría nada limpiar esto”, continúa Pep. “Se puede dejar el boj para dar ambiente. Todo este entorno, bien explicado, sería un atractivo histórico de primer orden”. Se ve que hace tiempo lo había mostrado a gente del Ayuntamiento de Saldes pero no se ha hecho nada.

Y dentro del pequeño desfiladero que separa el cerro de Palomera

Salimos al otro lado, subimos al mirador detrás del recinto ganadero y Carles empieza a buscar el track del camino antiguo de Saldes en su GPS. A partir de aquí, está señalizado con pintura naranja. Aquí se hizo una ruta de naturaleza que va recorriendo los bosques. Vamos bajando hacia el norte. Un puente colgante cruza la riera y entramos en una zona de bloques de piedra. El camino pasa entre rocas de grandes dimensiones; es muy atractivo y aún quedan restos del empedrado.

El primer puente colgante

En el camino de Saldes

Llegamos a un mirador con vistas de Pedraforca y el Cadí. Hay un rótulo informativo. “Dice que aquí crecen pino albar y pino negro y hay que tener cuidado con las víboras debajo de las piedras”, observa Pep. “Todo esto es una obviedad. No hace falta decir lo que salta a la vista. ¿Por qué no dice que es el camino antiguo de Saldes a Palomera y tiene siglos de antigüedad?”.

“Para alguien que viene de Barcelona, lo del pino albar no es tan obvio. Y en cuanto a las víboras, ya sabes cómo son los niños de ciudad”, contesto, poniéndome en la piel de los monitores de los escolares urbanitas que siguen la ruta. “Además, es una ruta de naturaleza. No tiene porqué hablar de historia”, concluyo.

"Tanto potencial desaprovechado", lamenta Pep

Continuamos mientras Pep sigue refunfuñando. Entramos en el largo Grau de Palomera donde el camino busca la forma de bajar entre los bloques de piedra. Todo esto es muy recomendable.

Bajando hacia los Plans de l'Artic

Hay una bifurcación. El camino antiguo marcha por la izquierda, entrando finalmente en los Plans de l’Artic. El track de Carles sigue marchando hacia el norte pero nosotros nos desviamos para seguir la ruta de naturaleza. Todo esto lo había hecho con Carles hace unos cuantos años, antes de empezar el blog. Y a raíz de un encargo para describir una ruta, había hecho un repaso de los caminos que llegaban al Pla de l’Espinal, a veces con Pep y a veces con Carles. Había llegado a desentrañar un dibujo parcial pero bastante denso de caminos.

Pasamos por otro puente colgante y entramos en una pista que marcha hacia el oeste. Aquí hay otra placa informativa que nos habla de las distintas categorías de pista. Si tiene más de 4 metros de ancho, es un “camino forestal”; si tiene hasta 3,5 metros, es una “pista forestal”; y si tiene hasta 2,5 metros, es una “pista de desembosque”. Miramos la pista por donde pasamos con una nueva comprensión. Midiendo cuidadosamente su ancho, llegamos a la conclusión de que se trata un “camino forestal”. El conocimiento es poder, pienso.

El segundo puente colgante

Entramos en otra pista, girando hacia el sur, y luego otra que nos lleva nuevamente hacia el este, paralelamente a la primera. Pasamos al lado de una “pleta” y una barraca de piedra, totalmente perdidas en la vegetación y de la que la placa informativa al lado no dice nada, sino que habla de la explotación sostenible y respetuosa del bosque, mostrando la foto de una máquina de oruga para extraer troncos.

Al final de esta pista sale un camino que sube con una pendiente fuerte. Cuando vine con Carles, estaba recién restaurado, con peldaños y barandillas, y pensamos que era un camino nuevo inventado. Pero ahora, con el paso del tiempo, vemos que en realidad es un camino antiguo, solo totalmente reformado. Llegamos a un llano donde hay otro mirador y los restos de una barraca. Poco después, llegaríamos a la carretera donde está aparcado el coche pero Pep va a la esquina oeste, donde ve un camino que baja directamente hacia la “pleta” cubierta por la vegetación al lado de la placa informativa.

El camino restaurado

Estudiamos los mapas y se nos hace la luz. Este dibujo parcial que tengo marcado representa una red que iba conectando todas las “pletas” y barracas entre sí, con un nudo intermedio en el Pla de l’Espinal hay un gran corral y una caseta de piedra. Conectando los cortos tramos que aún no están puestos en el mapa, tendríamos el dibujo completo.

Siguiéndolo en el otro sentido, el camino nuevo que hemos descubierto va bordeando el llano hasta salir en la carretera. Volvemos a Palomera bajo un cielo amenazador. “Bueno, ya está, ¿no?”, digo a Pep. “¿Podemos comer?”.

“Nos falta buscar la Bauma de l’Orri”, contesta Pep. “La marca el mapa del ICC”. Y señala hacia una pared de roca calcárea con unos 200 metros de desnivel. “Sabes que en el ICC ponen los topónimos a voleo, ¿no?”, contesto dubitativo. “Sí, pero hay que comprobarlo. Además, pasaremos por la fuente de l’Aigua Salada, que no conoces”. Miro a Carles pero como es habitual en él, guarda un silencio discreto.

Tras acercarnos un poco más con el coche, ponemos rumbo a la Font de l’Aigua Salada. Cuando llegamos, veo una manantial de agua que sale de un pequeño agujero al pie de una roca, rodeada de una tierra maloliente, fangosa, con un alga asquerosa que es lo único que crece aquí. Detrás hay un enorme hundimiento donde el agua ha disuelto la sal. Continuamos para arriba, hasta llegar a una pared de roca donde se ha desprendido media montaña para abajo.

La Font de L'Aigua Salada; no invita a quedarse y no lo hicimos

Pep inspecciona los alrededores. No hay nada. Mientras tanto, empieza a tronar. Pep me pide los mapas y las referencias del GPS. Una vez localizada nuestra posición, mira hacia arriba. “Faltan 100 metros más de desnivel”. Y señala: “Para allá”. Yo no tengo ningún deseo de seguir subiendo este pendiente sin camino para luego no encontrar nada y así lo iba a decir, dispuesto a amotinarme, cuando de repente se pone a llover con cada vez más fuerza.

Guardo la electrónica y nos ponemos los impermeables a toda prisa. Con los truenos pisándonos los talones, se me desvanece el cansancio de la subida y abro paso entre Carles y Pep para bajar a toda pastilla, con una agilidad que ni en mi juventud tuve.

Almorzamos en la pérgola.

Empieza a salir el sol otra vez desde la pérgola


Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 8,5 km; 390 metros de desnivel acumulado.

martes, 11 de octubre de 2016

16/9/2016 – El Pla de les Tores

El día 11 fue la Diada de Catalunya. Este año, se había descentralizado en cinco ciudades: Barcelona, Lérida, Tarragona, Salt (cerca de Gerona) … y Berga. El Passeig de la Pau se llenó de unas 60.000 personas. Yo también fui; total, lo tenía delante de casa. Había el mismo ambiente festivo de siempre pero tengo la impresión que, a nivel de manifestaciones ciudadanas, ya está todo dicho. Esto de la independencia no va a ser nada fácil. Dejando de lado la división de opiniones dentro del propio país, el gobierno de Madrid sabe lo que perderá si Catalunya se va y no lo va a poner nada fácil.


La Diada en Berga

Pero el tiempo continúa inexorable y el viernes, volvemos a estar en el Mikado. “Tenemos que ir al Pla de les Tores”, dice Pep. “Recuerdo que había unos agujeros allí arriba. Igual había más afloramientos de mineral. Y además”, añade, mirándome a mí, “subiremos un camino que no has hecho”.

Muchas veces, desde Ensija, en uno de los collados mirando hacia el sur, había contemplado el camino que baja hacia Peguera pero nunca lo había hecho.

Aparcamos el coche donde empieza la pista a la Font del Pi, en el cruce con el camino que baja al pueblo de Peguera. Se ven coches de gente buscando setas pero ha sido un mal comienzo de temporada. Falta lluvia y ha hecho mucho calor.

Hace un aire frío. Caminando por la pista, no tardamos en ver la “fita” o pila de piedras que marca el inicio de la ruta. Al comienzo, sube cruzando campos. Todavía no es un camino auténtico. Luego entra en el bosque bordeando el barranco, alternando tramos de subida y otros planos. Finalmente, entra en el barranco y ahora ya es una subida continua.

Empezamos a subir

Pero algo ha cambiado. Esta semana, he empezado las clases de yoga. Ahora tengo articulaciones que se doblan y además son elásticas, y cuando camino, noto que amortiguan.

A medida que vamos subiendo, Carles va mirando las rocas, buscando cambios de calor que delaten el mineral. Pep le contempla con mirada de aprobación. “Aquí lo tienes”, me dice. “Siempre alerta. Hace dos semanas, encontró enseguida la mina. No como tú, que estabas en las nubes”.

 Lo que hemos hecho

Y lo que aún queda

Es un desnivel de 500 metros, pero con paradas para hablar de historia, se hace soportable y llegamos arriba. El viento del norte ha limpiado el cielo y todo tiene una gran nitidez.

Vistas nítidas desde Ensija hacia el norte

Y mirando hacia el sur, con la hendidura producida por el río Aigua d'Ora

Subimos a un cerro y contemplamos la zona marcada como Pla de les Tores en el mapa del ICC. No hay agujeros y ni siquiera es plano. Más abajo, solo son rocas y ‘tarteras’. Un par de rebecos nos miran y luego se esconden en los árboles. Damos la vuelta y bajamos a la depresión central, que hace una especie de curva para entrar en el Barranc d’Ensija que luego entra en el Barranc de les Llobateres donde está la ‘pleta’ a media subida. Es amplio, plano, con unas depresiones curiosas donde crecen grupos de tora blava.

El Pla de les Tores

Se nos enciende una luz. “Pero si es esto el Pla de les Tores”, exclama Pep. No es la primera vez que hemos estado aquí pero hoy lo miramos con otros ojos. Salta a la vista ahora que es un curso de agua.

Mientras bajamos, confieso algo a Pep que me tiene preocupado desde hace un par de semanas. “Mi madre se queja del blog”, le digo. “Dice que le falta contenido educativo. Quiere que explique más sobre lo que encontramos y no solo las cosas que hacemos”.

“Pues tu madre tiene razón”, me contesta Pep. “A nadie le interesa la ampolla que te salió en el talón hace un par de semanas”. Se para y mira a su alrededor. “Por ejemplo, tenemos aquí el Pla de les Tores. Podrías explicar que cuando llueve torrencialmente, aquí se forma un río efímero con pequeñas cascadas en estas depresiones en forma de escalón y luego el agua desaparece en estos sumideros donde crece la tora, para reaparecer más abajo en las fuentes. O puedes hablar de la tora, que crece en grupos por encima de 1.700 metros. Y de alguna manera, los animales saben que es venenosa porque no la tocan”.

Aquí se ve mejor el efecto del agua

En eso vamos caminando hacia la Pleta de l’Os. Está en la curva del Pla de les Tores, a la entrada del Barranc d’Ensija, resguardado del norte y el único sitio donde hay un afloramiento de piedra de dimensiones suficientes para hacer estructuras de piedra seca. Aquí paramos para almorzar. 

Lo que queda de la Pleta de l'Os

Mientras comemos, de repente aparecen ovejas y cabras caminando hacia nosotros en fila india desde el Serrat Voltor. ¿De dónde han venido?, nos preguntamos. Es un misterio. Son autoguiadas; no hay pastores ni perros. Miramos hacia arriba: tampoco ningún dron que las vigile. Se esparcen alrededor nuestro, pastando tranquilamente.

Llegan las ovejas

Nos ponemos en marcha, siguiendo la curva de nivel hacia el Serrat Voltor, con los rastros de las ovejas. Salimos en el collado, muy cerca de la mina de mineral de hierro de hace dos semanas y empezamos a bajar sin camino hacia un cerro intermedio que forma un pequeño collado, con otro un poco más hacia el oeste; son Les Mitjanelles.

Mientras vamos bajando, vemos huellas de ovejas que suben. ¿Habrán subido hasta arriba solas por aquí? Bajamos aprovechando los caminos que han hecho los animales, hasta llegar al pequeño collado. Aquí es el único lugar donde encontramos alguna seta. Un camino precario que usan los animales nos lleva hasta el collado siguiente, desde el cual bajamos al camino de subida.

Mirando hacia el este desde Les Mitjanelles

En esa larga bajada, en algún momento nos desviamos de la ruta de subida, aunque siempre vemos camino, y acabamos desplazados hacia la izquierda, delante del cruce mismo al pueblo de Peguera. ¿Sería éste el camino auténtico?

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 9,2 km; 680 metros de desnivel acumulado.

PD. Síntomas de envenenamiento por aconitina, el veneno de la tora blava: aparición de entumecimiento, sudoración y náuseas entre 20 minutos y 2 horas después de la ingesta. Siguen vómitos, diarrea, dolor intenso y parálisis de la musculatura esquelética. Después, arritmias y fibrilación ventricular. La muerte se produce por parálisis respiratoria o paro cardiaco. Toda la planta es venenosa, incluidas las flores, pero la parte más tóxica son las raíces. Una infusión de 3 o 4 raíces es suficiente para matar.

lunes, 10 de octubre de 2016

9/9/2016 – Buscando el camino de Coll de Pradell

Pep y Carles han estado mirando el mapa de la Minuta de Saldes y han visto que nos faltan cosas. Lo primero es un corral que, según el mapa, se encuentra encima de la actual carretera que va a Palomera y Coll de Pradell.

 Pedraforca con la luz de la mañana

Después de aparcar el coche cerca de Palomera, Pep señala hacia arriba donde se intuye un llano al final de una fuerte subida. “Tiene que estar allí”, dice. Subimos 100 metros de desnivel y cuando llegamos allí … no hay nada. “El mapa debe estar equivocado”, concluye Pep y emprende la marcha hacia abajo otra vez.

Esto empieza mal, pienso. Mi profesora de yoga no empieza las clases hasta la semana que viene y tengo el cuerpo como si tuviera barras de hierro en vez de articulaciones.

La próxima tarea es buscar los caminos de Saldes y Maçaners hacia el Coll de Pradell, que, según la Minuta, se unían bajo Palomera. En su Guía de Itinerarios, César August Torras ya advertía que los caminos eran malos por el mal estado del terreno. Hoy, con la erosión, el abandono, los barrancos que se han formado con la lluvia, las pistas que se han abierto y la minería a cielo abierto de los años 70, no hay rastro de caminos y solo tenemos la palabra de Carles que sigue el track en su GPS.

Recorriendo pistas por un paisaje desolado, caminamos hacia la Collada dels Prats, pasando por El Portell de Solà, donde todavía sobrevive un pequeño tramo del camino original al lado de la pista. Supuestamente era el camino a Maçaners. Entre las nubes que empiezan a tapar el cielo y una explotación nada amable de los bosques de pino negro, la impresión es de lo más lúgubre.

Todo lo que queda del antiguo camino

Damos la vuelta en el Corral de la Gleba, muy cerca ya de la Collada dels Prats. Pep y Carles parecen satisfechos con este paseo virtual. “¿Tantos kilómetros para esto?”, me pregunto. Tengo la musculatura agarrotada y un fuerte deseo de no estar aquí.

Volvemos por la misma pista asquerosa, pasamos por lo que era El Portell de Solà, sólo que ahora no hay ningún portell, y ya en el fondo del valle, entre barrancos de arenisca, dejamos la pista para ver si hay algún rastro del camino hacia el Coll del Pradell. Vamos subiendo por el bosque y con el Coll de Pradell a la vista, al otro lado de un barranco profundo excavado por la lluvia, paramos para comer, sin haber encontrado nada.

Pep y Carles estudian los mapas como si realmente hubiera valido la pena todo lo que hemos hecho pero a mí el desánimo me embarga. Seguro que Torras sentía lo mismo viendo esta desolación.

Pep y Carles repasan los logros de hoy

Volvemos a ponernos en marcha hacia Palomera, admitiendo el fracaso y viendo cómo las nubes se apilan detrás de Ensija. Carles insiste en que estamos muy cerca del camino. Bajamos por el bosque y de repente, lo vemos: un tramo recto que va hacía el Coll de Pradell. ¡Por fin, un camino auténtico! Lo seguimos hasta un barranco, donde se muere. Después hay la explotación a cielo abierto y seguro que allí se ha perdido, pero este trocito de unos 200 metros es auténtico.

Los efectos de la erosión

Volviendo hacia Palomera, el camino se vuelve a perder, sustituido por un caos de ramas de talas de árboles. Pero allí, en el último barranco antes de Palomera, con los truenos cada vez más cerca, vuelve a salir. Siguiendo este vestigio de camino, noto que ya respiro con más facilidad, no me duele nada, el cansancio se ha desvanecido y ando con más soltura. Llegamos al coche con las primeras gotas de lluvia.

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 10,6 km; 320 metros de desnivel acumulado.


Esa misma noche, asisto a una charla de Pep sobre las fraguas del norte de Cataluña en el Archivo Comarcal. Entre él y su colega Roser, no creo que nadie sepa más que ellos sobre las fraguas catalanas. Xavier Pedrals, director del archivo, está desesperado; no hay manera que pongan por escrito todo lo que saben. 

miércoles, 5 de octubre de 2016

2/9/2016 – La Creu de Ferro

Desde aquel día del 12 de agosto, no hemos podido salir por distintos compromisos. Pero hoy, por fin, a todos nos va bien. “¿Dónde vamos?”, pregunto a Pep por teléfono el día anterior. “Ensija”. “¿Tan pronto?”. Ha hecho mucho calor estos días, he salido poco y aún planea el trauma del Cadí del año pasado. “Seguro que no baja de 800 metros de desnivel”, pienso. Además, mi profesora de yoga está de vacaciones y tengo el cuerpo tieso como una tabla.

Pero Pep no admite un plan B. Resulta que estuvo leyendo un documento de 1806 en el archivo de la Corona de Aragón y de repente le salió el topónimo “Creu de la Mena de Ferro”, hablando de la actual “Creu de Ferro” en Ensija. Hoy, todo el mundo piensa que se refiere a una cruz de hierro en la cima de este pequeño cerro en el extremo oriental de Ensija. “El documento lo menciona como un nombre ya establecido hace tiempo”, continúa. “Parece que hubo un afloramiento de mineral de hierro allí arriba. Nuestra misión es confirmarlo”.

Aparcamos en la carretera cerca del Barranc de les Llobateres. En casa, había hecho un invento con las plantillas de mis botas para ver si amortiguaban un poco más y compensaban mi estado actual de rigidez. Iniciamos la subida y al poco rato me doy cuenta que mi invento no va a funcionar y tengo que parar para desmontarlo.

La última vez que subí por aquí fue en 2013 con Josep Mª y está relatado en este blog. Pero como Carles no había venido nunca por aquí, Pep le explica los misterios de los aludes que hacen tumbar los pinos todos en la misma dirección y arrastran piedras, creando pequeños ríos inmóviles. También dedica unos instantes a la flora: “Aquí se puede hablar de pino albar, pino negro, las ortigas, oreja de oso y acónito común (tora blava en catalán), todos con un hábitat muy particular”.

El barranco se estrecha, obligando a hacer pequeñas escaladas por la roca. No parece probable que se hubiera subido por aquí con animales. Más arriba, se ensancha y hay un llano con lo que parecen ser los restos de una “pleta” o aprisco, al que seguramente se accedía desde arriba. 

Aquí el barranco se ensancha, con una posible pleta al final

Aquí los caminos se dividen. Nosotros seguimos rectos y salimos arriba. Miro el GPS; sólo 480 metros de desnivel y tampoco ha estado tan mal. Mientras yo contemplo las vistas, Pep y Carles suben al Serrat Voltor. No hace frío y apenas hay insectos. Busco la sombra de un árbol; aquí se está muy bien.

 La vista desde arriba. En el fondo, la Gallina Pelada, el punto más alto de Ensija

Serrat Voltor, en el extremo oriental de Ensija

Pep y Carles vuelven. “Te perdiste un caminito muy interesante”, me dice Pep. “Va a unos collados”. Nos encaminamos hacia la Creu de Ferro. Carles sube por el lomo y Pep y yo vamos llaneando. Al poco de empezar, me doy cuenta que tengo una ampolla en el talón, seguramente causada por mi invento fallido, y tengo que estrenar mi pequeño botiquín.

Cuando atrapo nuevamente a Pep, está mirando atentamente el suelo. Ha encontrado algunos nódulos de mineral. Pasan grupos de excursionistas que nos miran con curiosidad, pero los nódulos se limitan a una zona muy restringida y luego desaparecen. De repente, Carles viene corriendo hacia nosotros. “La encontré”, proclama triunfalmente. Desde la cima, bajamos nuevamente el lomo hacia el Barranc de les Llobateres y cerca del collado se ve claramente la incisión, aún con restos de mineral. Es la prueba definitiva que aquí, seguramente durante un periodo muy corto, hubo una explotación de hierro.

La pequeña mina de mineral de hierro y su descubridor

Comemos cerca de la mina, mirando pasar a los excursionistas. Para bajar, Pep vuelve al camino de Serrat Voltor. Un desvío sube a la cima y otro continúa a los collados. Allí vemos que el camino sigue bajando y empezamos a ver piedras numeradas que marcan el límite del término municipal de Saldes. Pasado un collado, las piedras desaparecen y aumenta sustancialmente la pendiente. El Barranc de les Llobateres lo tenemos a nuestra izquierda, cada vez más inaccesible y el descenso amenaza con quedar cortado por un precipicio. Pep se para y me mira, conocedor de mi temor a los pasos aéreos y caídas libres. “¿Seguro que quieres seguir?”, me pregunta. “Aún no hemos bajado mucho y estamos a tiempo para volver”. Miro a mi alrededor. Toda la cuesta está llena de caminos de animales que van claramente hacia abajo. “Mil jabalíes no se pueden equivocar”, contesto con la seguridad de alguien que sabe de qué está hablando.

Una de las piedras que marcan los límites municipales de Saldes

Seguimos bajando, con bastante pendiente pero siempre con hierba y pinos y los rastros de los animales que nos  van guiando. Finalmente, salimos a un antiguo camino de arrastrar troncos y poco después, estamos en la carretera de Coll de Pradell.

En el Alpina Viejo, marca unas minas de carbón antes de llegar a la Font Freda. Bajando en el coche, vemos el color negro de una antigua escombrera y bajamos para explorar. Contamos tres galerías hundidas.

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 9 km; 640 metros de desnivel acumulado.

martes, 6 de septiembre de 2016

12/8/2016 – Reencuentro en Montcalb

Como aquellas antiguas representaciones mecánicas del sistema solar, con bolas de metal movidas a distintas velocidades por un complejo mecanismo de engranajes, nuestras respectivas vidas han ido girando en diferentes direcciones hasta que, por fin, el día de hoy todas las bolas hayan quedado alineadas una vez más y podemos salir juntos, con el lujo añadido de la compañía de Josep Maria.

Una vez más, Pep me había delegado la tarea de averiguar el último capricho de Carles en materia de caminos y éste me había confiado que conocía poco la zona entre Montcalb y la Font del Pi.

Empezamos el día con una temperatura bastante más fresca que las últimas semanas, que en algunos momentos ha rozado los 40ºC. Aparcamos en el Pedró de la Creu, detrás del pequeño núcleo de Montcalb, una iglesia y unas casas diseminadas, a 1.400 metros de altura pero con una insolación inmejorable.

Después de tanto tiempo sin vernos, la conversación es muy animada, tanto en el Mikado como en el coche: el stage en Inglaterra de Josep Maria, las excavaciones de Pep, ideas para un nuevo proyecto de Carles y yo con la eterna pregunta de qué pinto en todo esto.

Ya fuera del coche, Pep me pide mis mapas y los estudia detenidamente. Decide la ruta, me devuelve los mapas y nos ponemos en marcha. Delante tenemos una vista larga, con las paredes verticales de Corriu, las casas de Vilacireres y Can Blanc, y en el fondo, la cara oeste de Pedraforca.

 Pedraforca

Las paredes de Corriu, con Can Blanc detras, y la Sierra de Cadí al fondo

En realidad, la ruta de hoy es lo de menos. Es una salida de toma de contacto, como decimos, y más importante es disfrutar de nuestra propia compañía, bañados por la cálida luz de la amistad. Pep se queja de que le hago hablar tres veces seguidas de los mismos castillos en el blog (“la gente me empieza a mirar en la calle”) y Josep Mª no para de rociarse la calva con protector solar pero se niega a ponerse un sombrero. No quiero ni pensar qué cosas habrá creciendo allí dentro de 20 años.

Carles, Josep Mª y Pep intercambian impresiones

Vemos el pequeño núcleo de Bonner y luego entramos en el bosque y ya no hay vistas. 

Bonner

Pep pide el mapa del Alpina a Carles en los cruces, pero hoy solo hay pistas y los caminos brillan por su ausencia. Pasamos por el Portell de Griells, que en su día debía ser un paso impresionante para merecer un nombre propio, pero hoy se ha abierto y ensanchado y es un paso de pista cualquiera.

Estado actual del Portell de Griells

Aquí, con la vista de Ensija delante, comemos. Pep señala los puntos altos: “Aquí tenemos que volver. Hay algo que quiero averiguar”. Miro el pequeño macizo con respeto. Han pasado tres años desde que lo subí por última vez y empiezo a tener una edad.

En el fondo, la temida Sierra de Ensija

Volvemos por la cresta en línea casi recta. Al llegar al coche, veo una carpeta plástica de color azul encima del capot del coche. ¡Son mis mapas! Allí los había dejado en vez de guardarlos en la mochila. Por suerte, Pep no me los pidió en todo el trayecto y pude disfrutar de la salida con la serenidad del olvido, sin tener que sufrir la angustia de no saber si volvería a encontrar los mapas a la vuelta.

Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 11,6 km; 270 metros de desnivel acumulado.